viernes, 8 de mayo de 2020

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El soldado soviético, defensor y libertador
© Sputnik /
La victoria en la batalla de Moscú disipó el mito de la invencibilidad del Ejército alemán, contribuyó al auge del movimiento de resistencia y fortaleció la coalición anti-Hitler. Después de la derrota en Stalingrado, Alemania pasó de una guerra ofensiva a una defensiva. En la batalla de Kursk, las tropas soviéticas, finalmente, socavaron el espíritu de lucha del Ejército de Hitler, y la batalla del Dniéper abrió el camino a la liberación de Europa. 

Los efectivos de la defensa antiaérea soviética durante la Segunda Guerra Mundial
La guerra por la verdad: Rusia hace frente a Occidente para proteger la victoria de la URSS
© Sputnik / Olga Lander

Resultado de imagen de Sputnik- 08.05.2020

Estos días, el mundo conmemora la derrota del nazismo: hace 75 años el Reich se rindió ante los aliados. El rol clave en aquella guerra pertenece al pueblo de la Unión Soviética, que pagó un precio muy alto para liberar a Europa de las amarras de la ideología hitleriana. Sin embargo, hoy, algunos países tratan de reescribir esta página de la Historia.

Para algunas naciones de Occidente, el sacrificio de los soldados soviéticos y del pueblo de la URSS ya no vale nada. Prefirieron olvidar las hazañas del Ejército Rojo, porque persiguen sus propias metas. El objetivo es manchar la memoria, para demonizar a la Unión Soviética y presentar la guerra entre ella y la Alemania nazi como una lucha contra dos regímenes despóticos.

La bandera de la URSS sobre el Reichstag en Berlín (archivo)
© Sputnik / Evgeny Khaldey

¿Pero, en qué consiste el razonamiento de aquellos países y cuáles son?

En la vanguardia del revisionismo histórico se encuentran los países bálticos: Letonia, Lituania y Estonia. Cuando estas naciones fueron invadidas por la Alemania hitleriana, una parte de la población colaboró activamente con los nazis. Algunos ciudadanos de estos países, en aquella época, ingresaron en las unidades militares del Tercer Reich como, por ejemplo, la Legión Letona de la Waffen-SS.

Hoy, los gobiernos de esos tres países honran a los veteranos que lucharon del lado de la Alemania hitleriana y los consideran héroes nacionales. Parece que, al acusar a la URSS de desencadenar la Segunda Guerra Mundial, países como Letonia, Lituania y Estonia tratan de hacer olvidar el aporte de algunos de sus ciudadanos al exterminio masivo de judíos y otros crímenes de guerra.

Los gobiernos de estos países prefieren hablar mucho de la culpa de la URSS, pero hacen caso omiso a los crímenes de lesa humanidad de sus compatriotas, a los que llaman héroes. 

Cuando dicen que la URSS es culpable de desatar la Segunda Guerra Mundial, a menudo se refieren al tratado de no agresión entre Alemania y la Unión Soviética, conocido coloquialmente como Pacto Ribbentrop-Molotov, firmado el 23 de agosto de 1939, que tuvo un acuerdo adicional, secreto, sobre el reparto de algunos territorios en Europa, incluida Polonia y los países bálticos.

Ribbentrop y Mólotov

Pero, aquí hay dos aspectos que hay que tener en cuenta.

Primero, de eso de se habla mucho; pero, de hecho, Moscú fue el último en firmar un tratado con la Alemania nazi. En 1938, el Reino Unido, Francia, la Alemania nazi y la Italia fascista firmaron los Acuerdos de Múnich. Como resultado, Londres y París permitieron descuartizar Checoslovaquia en aras de su propia seguridad y paz con Berlín y Roma. Asimismo, en esa época, Polonia entró en contacto con Adolf Hitler para conspirar contra Checoslovaquia

¿Significa esto que el Reino Unido, Francia y Polonia también son culpables, en cierta medida, de desatar la Segunda Guerra Mundial? Esos países dejan este interrogante sin aclarar, porque preferirían que esta página de su historia caiga en el olvido.

IIGM, invasión de Polonia, puerto de Gdansk, 1939
© AP Photo /

En segundo lugar, en el acuerdo secreto del Pacto Ribbentrop-Molotov, la URSS estableció el control sobre la parte este de lo que, en aquella época, se consideraba Polonia. Sin embargo, en realidad esos territorios fueron poblados por los ucranianos y los bielorrusos, dos pueblos que tuvieron sus propias repúblicas, como parte de la URSS.

Al establecer su control sobre la parte este de Polonia, Moscú reunificó a dos pueblos separados. La Ucrania y la Bielorrusia occidentales pasaron a formar parte de las repúblicas socialistas correspondientes.

Entretanto, los tres países bálticos también se convirtieron en repúblicas socialistas. Es obvio que hubo algunos que estuvieron en contra —eso es lo que enfatizan las autoridades de estos países, hoy en día—; pero, también, hubo muchos que celebraron el ingreso a la URSS. Su opinión, hoy en día, no se toma en consideración.

Lección de historia europea

Soldados rusos durante la Segunda Guerra Mundial
© Sputnik / Alexandr Ustinov

Europa trata de enseñarle a Rusia su propia visión de historia, desde hace muchos años. Los políticos del Continente Viejo ponen al comunismo y al nazismo al mismo nivel, y los tachan de dos males absolutos. Nadie dice que el comunismo es ideal, pero ponerlo al mismo nivel con la ideología nazi del odio es un sacrilegio imperdonable, especialmente teniendo en cuenta que algunos países que hablan mal de la URSS, en realidad, fueron cómplices de Hitler en la Segunda Guerra Mundial.

La Asamblea Parlamentaria de la OSCE igualó, en 2009, el rol de la URSS y del Tercer Reich en el desatar de la Guerra; mientras, un año después, el Parlamento Europeo también puso a la ideología comunista y la del fascismo al mismo nivel, tachándolas de totalitarias. Lo curioso, en este caso, es que países como Hungría, Croacia, Rumanía y otros, que hoy son miembros de esas organizaciones, en aquella época colaboraron con la Alemania de Hitler.

No obstante, ninguna organización ha criticado ni ha aprobado alguna resolución en cuanto al papel de esos países en la Segunda Guerra Mundial. Ni siquiera se presta atención al elogio de los veteranos de la Waffen-SS, por los gobiernos de los países bálticos. 

De ahí, se puede concluir que el revisionismo histórico está dirigido, exclusivamente, contra Rusia, porque hasta el día de hoy Moscú se niega a ceder ante la presión de Occidente. Reescribir la Historia e imponer su propia versión son dos herramientas que sirven para privar a Rusia de su legado y su memoria y tienen como meta doblegar el espíritu de su pueblo, hoy. Pero, estos intentos son en vano.

Un soldado soviético
© Sputnik / Timofey Melnik

El caso de Estados Unidos, también, es notable, porque Washington trata de reescribir la Historia, pero de una manera un poco diferente. Los estadounidenses suelen exagerar el papel de su país en la victoria sobre el nazismo y casi no hablan del enorme costo que pagó el pueblo de la URSS.

Es importante recordar que los aliados occidentales, incluido EEUU, reabrieron el frente occidental sólo en junio de 1944, con el desembarco en Normandía, cuando ya estaba claro que Berlín perdería, con toda probabilidad. Antes de eso, la URSS, de hecho, luchó sola contra el nazismo y dejó en el altar de la victoria las vidas de 27 millones de sus ciudadanos. Pero, EEUU prefiere menospreciar el rol del pueblo soviético.

Un ejemplo ilustrativo sería la presentación que publicó el Departamento de Defensa de EEUU, en vísperas del Día de la Victoria en Europa. Si bien la presentación contiene la foto del monumento al Día del Elba —cuando las fuerzas soviéticas y las fuerzas estadounidenses se reunieron, por primera vez, en el territorio de la Alemania nazi—, esta carece de alguna mención a aquel evento importante.

© Sputnik / Y.Ivanov

Además, la presentación carece de información acerca de la lucha de la Unión Soviética contra la Alemania nazi, pese a que fue clave en la Segunda Guerra Mundial y, en gran medida, determinó su desenlace. En su lugar, el portal web describe el papel de Estados Unidos en el conflicto armado, después del desembarco de Normandía. Asimismo, la presentación subraya que la guerra comenzó en 1939, cuando "Alemania y la Unión Soviética invadieron Polonia".

Como, correctamente, dijo el presidente ruso, Vladímir Putin, los intentos de acusar a la Unión Soviética de preparar y desatar la Segunda Guerra Mundial son un sinsentido.

"¿Quién atacó a quién el 22 de junio de 1941? ¿Nosotros atacamos a Alemania, o Alemania nos atacó? ¡Qué tontería!", dijo Putin en la película de Andréi Kondrashov La guerra por la memoria.

El mandatario ruso advirtió que no existe ninguna justificación posible para aquellos que intentan reescribir la Historia. Y es verdad.

Lo más importante que puede hacer Rusia, hoy, para honrar a sus héroes, es seguir resistiendo al revisionismo. En las condiciones actuales, Moscú tiene que combatir enérgicamente contra los intentos de reevaluar el rol de la URSS en la Guerra y preservar la memoria sobre la proeza de su pueblo. Si no lo hace, los partidarios del revisionismo, tarde o temprano, lograrán imponer su propia versión tergiversada de aquellos eventos.

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